Para millones de personas, el sonido de la alarma marca el inicio de una nueva jornada, un ritual tan común que frecuentemente se pasa por alto su impacto negativo en el bienestar. La psicóloga del sueño Roser Gort advierte que despertar de manera abrupta, particularmente con alarmas tradicionales, puede inducir un pico de estrés innecesario en el organismo. “Las alarmas no dejan de ser un susto para el cuerpo”, señala Gort, resaltando cómo este sobresalto activa el modo alerta del organismo, generando contracciones musculares y un aumento en los niveles de cortisol. Estas reacciones no son lo más adecuado para el comienzo del día, que debería ser un período de calma y tranquilidad, según la especialista.

La clave para un despertar más amable radica en cómo se realiza el proceso de levantarse. Gort sugiere la utilización de despertadores de luz gradual, que imitan el amanecer al incrementar la intensidad de la luz en el dormitorio. Este método permite una transición más suave desde las fases profundas hasta las más ligeras del sueño. “Al activar lentamente al cuerpo en función de su fase de sueño, se evita el sobresalto y los estresantes picos de cortisol”, explica la psicóloga. Este tipo de despertador puede ayudar al cerebro a liberar melatonina y reducir los niveles de cortisol, proporcionando un despertar armonioso, lleno de energía y con un mejor estado de ánimo.

Muchos despertadores de luz también incluyen sonidos suaves y relajantes, como melodías ambientales o el canto de aves, para acompañar la simulación del amanecer. Estos sonidos ayudan a que el cerebro complete el proceso de despertar sin sentirse invadido repentinamente, ofreciendo una experiencia menos chocante. Sin embargo, Gort aconseja no utilizar sonidos abruptos o alarmas estridentes, ya que estos pueden alterar el ritmo cardiaco y llevar a una activación repentina del sistema nervioso, lo que afecta negativamente la productividad y el bienestar emocional durante el día.

El uso de celulares como despertadores representa otro hábito perjudicial, advierte Gort. La razón principal es la exposición inmediata a la tecnología y las redes sociales que se presenta al revisar el teléfono nada más abrir los ojos, lo que bombardea al cerebro con información que puede resultar abrumadora. Además, la luz azul de las pantallas puede interferir con la producción de melatonina si el celular se usa antes de dormir, lo que empobrece la calidad del descanso nocturno. La combinación de estas prácticas puede contribuir a que el día comience con ansiedad e irritabilidad.

Implementar un despertar más saludable no requiere cambios drásticos y puede resultar accesible para la mayoría. Gort propone varias recomendaciones, como optar por despertadores lumínicos, despertarse con antelación, y mantener el celular alejado de la cama, además de establecer una rutina de sueño estable y evitar las pantallas antes de acostarse. Realizar estos pequeños cambios puede tener un impacto significativo en el bienestar diario. Aquellos que han optado por métodos de despertar natural frecuentemente reportan mejoras en la concentración y calidad del sueño. En una sociedad tan absorbente como la de Nueva York, comenzar el día con tranquilidad puede representar una diferencia sustancial en la vida cotidiana.